J. A. González y M. Morcillo
INTRODUCCIÓN
A bordo de los navíos y en las instalaciones costeras industriales se utiliza el agua de mar como fluido refrigerante, como materia prima para la producción de agua potable, para otros empleos secundarios o, simplemente, es un medio agresivo al que inevitablemente quedan expuestas las estructuras portuarias y offshore. Las canalizaciones de agua de mar en las instalaciones costeras, centrales térmicas, refinerías de petróleo, fábricas químicas, instalaciones de desalación de agua de mar son obras fijas, a menudo de grandes dimensiones.
Los problemas de corrosión son en ellas tan importantes como en el caso de las estructuras flotantes, pero pueden abordarse con mayor facilidad, lo que explica que se utilicen con profusión estructuras de acero revestido o protegido, con preferencia al empleo de aleaciones más nobles y costosas (1).
Por contra, a bordo de los navíos se trata de evitar riesgos al máximo, a pesar de que ello suponga un mayor coste de instalación. La duración y, sobre todo, la fiabilidad de un circuito de agua de mar pasa a desempeñar un papel esencial en la rentabilidad de un buque cuya inmovilización, si se trata de unidades de gran tonelaje, como los superpetroleros, puede costar varias decenas de millones diarios.
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